El conejito A un conejito se le ocurrió echar a correr. Corría y corría, y no dejaba de correr. Corría tanto que pronto se encontró frente a un huerto cercado. —Éste debe ser un huerto muy rico porque está cercado —dijo el conejito—. Yo quiero entrar. Veo un agujero, pero no sé si podré entrar por él. ¡Hop! ¡Hop! ¡Hop! Sí que pudo entrar el conejito en el huerto por aquel agujero que había visto. Y una vez dentro, se sintió feliz. —¡Aquí tengo yo una buena comida! ¡Menudo atracón voy a darme! El animalito se puso a comer, y no se cansaba de comer en las berzas, en las habas y en las coles. Comió durante todo el día. Y así que el día llegó a su fin, dijo el conejito: —Ahora yo debo marchar a casa. En casa me aguarda mi madre. Se me había olvidado mientras comía. Tres veces intentó salir por el pequeño agujero y no lo consiguió ni en la primera, ni la segunda, ni la tercera vez. —¡Ay, madre mía! -gritó-. No puedo salir. Este agujero es demasiado pequeño. Me he pasado el día co...